Casa Solar y Escudo
Apellido
A lo largo de la historia de España hubo familias de apellido Casares de distinto origen, si bien se ha venido considerando a los Casares como originarios de las provincias de Vizcaya y de la de Guipúzcoa, con casa solar en la jurisdicción de Altza. Existen, no obstante, poblaciones llamadas Casares en Galicia, Málaga y otras provincias españolas, que bien pudieron generar, en parte, este apellido. Añaden los antiguos tratadistas que fue la de Casares una de las más antiguas familias pobladoras de la ciudad de San Sebastián (Guipúzcoa), siendo familia de nobles hijosdalgo, notarios de sangre al fuero de España. “Ya se hallaron caballeros del apellido Casares, en 1212, en la batalla de las Navas de Tolosa contra los moros, sirviendo a Diego López de Haro, Señor de Vizcaya, y muchos de ellos vieron reconocida su hidalguía por las Juntas Generales de Guipúzcoa y sus Justicias Ordinarias. Hubo otras casas antiguas del apellido Casares en Galicia y Andalucía, algunas de las cuales probaron su hidalguía ante las Reales Chancillerías de Valladolid y de Granada desde el siglo XVI. Así, ante la de Valladolid lo hicieron, entre otros: Juan de Casares, vecino de Cancelada (Lugo), en 1510, Mateo de Casares, vecino de Ponferrada (León), en el año 1571, y Lucas de Casares Cosgaya, vecino de Toranzo (Cantabria), en el año 1661. Y, ante la de Granada: Luis de los Casares Cosgaiar, vecino de Sevilla, en 1774”.
Vale decir que desde muy remotos siglos hubo en España distintas casas Casares, alguna muy conocida y muy considerada. Los historiadores hacen notar acertadamente que no todos los linajes de este apellido tienen un origen común.
Los Casares vascos
El linaje que a nosotros interesa, por ser el que da origen a los Casares de Argentina, tiene indudable origen en el País Vasco (*ver Ancestros).
Según los informadores de este apellido, “Casares” significa en el idioma vasco “zarzal”.
Registros notariales muy antiguos dan cuenta de muchos Casares viviendo en San Sebastián (Donosti). Tantos habría que en algunas crónicas medievales se la menciona a San Sebastián como “la ciudad de los Casares”. Lo cierto es que, en una de sus localidades más emblemáticas, en Altza, existe aún la “casa solar” de la familia…
Casa "solar"
El “caserío” en la tradición vasca es la base material identitaria de todo un linaje, de allí la importancia que tiene el que aún sobreviva este testimonio edilicio tras tantos siglos de transformaciones y cambios.
En las costumbres vascas, el mayor de los hermanos era quien heredaba el solar familiar, lo cual comportaba a su vez la obligación de su mantenimiento y transmisión a la generación sucesiva. Tal premisa a nivel familiar es el germen de una institución muy importante en la historia social y económica de Guipúzcoa a partir del siglo XVI, y que es conocida como “mayorazgo”. Los historiadores han constatado que el mayorazgo constituyó desde su origen una forma jurídica para asegurar la continuidad y perpetuidad de los bienes materiales de una familia. Por eso se dice que ha sido clave en el devenir económico y social del País Vasco. También lo ha sido para la historia de América puesto que los hijos varones que no eran primogénitos -los “segundones”- se vieron muchas veces impulsados a buscar nuevos horizontes en otras tierras también lo ha sido para la historia de América puesto que los hijos varones que no eran primogénitos -los “segundones”- se vieron muchas veces impulsados a buscar nuevos horizontes en otras tierras. En el caso de Vicente Antonio Casares no fue así, puesto que él era el mayor. Su único hermano, llamado Francisco, recalaría unos años después que Vicente Antonio en el Río de la Plata (1806). De esto puede inferirse que la casa solar de aquellos Casares no se encontraba en Vizcaya.
En no pocas historias se cuenta que los “indianos” (aquellos que fueron a buscar fortuna a las “Indias” y retornaron ricos) son los que finalmente contribuyeron a conservar y mantener en pié estas casas solariegas de las que habían sido en cierto modo expulsados. Sabemos que hacia el final de su vida Vicente Antonio quizo pasar una temporada en el pueblo que le vio nacer, San Pedro de Abanto, y que este ayuntamiento recibió donaciones de su parte (*ver historia de Vicente Antonio Casares).
GUIPUZCOA – ALTZA (San Sebastián)
La “casa solar” de los Casares (ver video) en Altza es un pintoresco palacete donde actualmente funciona la Casa de la Cultura, un centro de reunión lleno de actividades desarrolladas por entusiastas vecinos altzatarras con el apoyo de su Ayuntamiento.
Aun puede comprobarse que el antiguo caserío de los Casares es una de las principales construcciones nobles de Altza, siendo rehabilitada en 1986. Se trata de un palacete señorial de planta rectangular, casi cuadrada y cubierta con tejado a cuatro aguas. De estilo barroco (siglo XVIII), consta de planta baja, planta principal y bajo cubierta. Destaca la uniformidad de la fachada principal y la sillería de piedra. Tiene balcones antepechados en la planta primera y ventanas en el desván. El eje central lleva en la planta baja un gran acceso con un pilar central que da a un zaguán.
Así como la primera referencia documentada del apellido Casares es de 1390 la de esta “casa solar” data de 1465.
Sobre la entrada principal de este edificio emblemático puede admirarse el escudo en piedra de la familia, con su curioso lema: “Aquí es Casares”.
Heráldica
Aquí es Casares
Los escudos heráldicos suelen transmitir datos de origen geográfico (campos, montañas, ríos, etc.) y también simbologías que reflejan el aspiracional del linaje, por lo general a través de significativos animales o vegetales. En algunos casos cuentan con una frase o sentencia (muchas son en latín) que marca un sesgo o un propósito trascendente. El escudo de los Casares que luce en la fachada de esta casa solar de Altza da testimonio de su hidalguía. Se trata de campo cuartelado: primero y cuarto, muestra un jabalí andante con sus cuatro patas en tierra; y segundo y tercero un castillo o torre doble. En la parte inferior lleva grabada la leyenda “AQUÍ ES CASARES”
En otros documentos este emblema aparece con colores heráldicos bien asignados: los jabalíes son de sable (es decir, en negro) sobre plata (blanco), y las torres dobles son de oro sobre campo rojo.
Prácticamente todos los apellidos españoles tienen un escudo heráldico asociado, también conocido como escudo familiar o escudo del apellido. Estos blasones nacieron entre los siglos XI y XII en Alemania y se extendieron rápidamente por Francia y España, perdurando hasta nuestros días.
La gran evolución de la heráldica se produce en el siglo XIII. Es cuando los blasones dejan de pertenecer únicamente al ámbito militar o al de los caballeros. Las familias nobles, los más ricos y empresarios asocian un escudo heráldico a su apellido. Lo hacen para poner en valor a su familia y, por ello, la elección de la forma, los dibujos y los elementos del escudo heráldico son un proceso crítico. Si bien el diseño de un escudo incorpora un estilo artístico determinado, siempre se ajusta a las normas de la heráldica.
La elección del blasón por tanto se llevaba a cabo con cuidado ya que a través de su visión se identificaba y consideraba la calidad e importancia del propio linaje.
De este modo, cada apellido representó un escudo en el que se incluyen figuras geométricas, colores, metales, animales (terrestres, aéreos, acuáticos y fantásticos), plantas, árboles, vegetales y flores, armas y edificios como castillos o torres. Cada uno de estos elementos aporta un significado que actualmente la gente suele desconocer. Para interpretar el escudo heráldico de los Casares será necesario observar por separado las piezas que lo componen. Antes de analizar sus elementos interiores es clave hacer referencia a su forma exterior, conocida en el lenguaje heráldico como boca. Y es que el contorno del escudo ayuda también a saber cuál es su país de origen o incluso su región. La boca del escudo de los Casares, cuya punta es redondeada, es típica de la heráldica castellana.
Significados heráldicos del Jabalí y la Torre - Simbologías de sus Colores
El jabalí y las cabezas de jabalíes son figuras muy frecuentes en la heráldica, casi como las del león y el oso. Un jabalí completo (no solo su cabeza como aparece en otros emblemas) puede representar lo que se consideran las cualidades positivas del jabalí: sapiencia, coraje y fiereza en la batalla. En contextos de moral cristiana, sin embargo, algunas veces se asoció la figura del jabalí a la furia salvaje de un animal diabólico, simbolizando algunos de los pecados capitales.
La Torre por su parte hace referencia a un bastión construido para la defensa o vigilancia de un territorio o propiedad, lo cual alude a los recursos con los que se cuenta para hacer frente a las adversidades.
Cada uno de los cuatro campos en que se divide el escudo y donde se hallan los jabalíes y torres tienen un esmalte particular, que nunca es arbitrario. La simbología de los colores desde la Antigüedad está preñada de significados… Así, el campo en Plata sobre el que corre el jabalí alude a cualidades propias de la estirpe, como la hermosura, la franqueza, la limpieza, la integridad y la elocuencia. En tiempos medievales quienes ostentaban este esmalte Plata en sus blasones eran aquellos que defendían a las doncellas y a los huérfanos.
Por su parte, el que la Torre sea Dorada reseña sus cualidades específicas, asociadas a lo solar: nobleza, riqueza, generosidad, esplendor… y la caballerosidad.
Por último, el color rojo (Gules) del campo sobre el que se levanta la Torre, señala también otras cualidades o rasgos del linaje de Los Casares: su valor, su atrevimiento y su intrepidez.